Preguntas frecuentes

Reumatología

Un reumatólogo es un médico que se dedica al diagnóstico y tratamiento de las enfermedades del aparato locomotor, constituido a su vez por el conjunto de huesos, músculos y articulaciones. Estas enfermedades del aparato locomotor se llaman también enfermedades reumáticas, y son un conjunto de alrededor de 200 procesos médicos, antaño considerados erróneamente como leves ya que pueden invalidar, y también poner en riesgo la vida del paciente. Las enfermedades reumáticas más frecuentes son la artrosis, el dolor lumbar crónico, la osteoporosis, los diferentes tipos de artritis (reumatoide, espondilitis, colagenosis, gota…), las tendinitis y la fibromialgia.

El reumatólogo se forma en Unidades Docentes de Reumatología, que habitualmente tienen su base en Servicios Hospitalarios, en los que sigue un programa específico de 4 años de duración. Habitualmente, inicia su preparación básica en Medicina Interna (2 años) para después incorporarse a los Servicios de Reumatología (2 años) donde aprende a reconocer y tratar los síndromes y enfermedades específicos de la especialidad, así como las técnicas de la misma.

Todo proceso que afecte a huesos, músculos o articulaciones es susceptible de ser valorado por un especialista en reumatología. Generalmente, el síntoma más importante que lleva a los pacientes al reumatólogo es el dolor en alguna parte del aparato locomotor. No obstante, otros síntomas también pueden ser importantes, como el hinchazón o la deformidad de las articulaciones o la limitación de la movilidad.

De una forma resumida, se puede considerar la visita al reumatólogo cuando:

  • Dolor en reposo o a la movilidad, en las articulaciones de los miembros.
  • Dolor en la columna, tanto lumbar como cervical o dorsal, con o sin dolor neurítico irradiado, especialmente cuando persisten largo tiempo
  • Artritis, es decir inflamación de una o más articulaciones
  • Prevención de la osteoporosis en el periodo postmenopáusico o tratamiento de esta enfermedad cuando produce síntomas o complicaciones
  • Alteraciones en los análisis o en las radiografías sugestivos de enfermedad reumática, aún cuando el paciente no presente síntomas.

Existen muchas clasificaciones de los padecimientos reumáticos. La más sencilla, desde el punto de vista de salud pública, los clasifica en cinco grandes grupos:

  1. ARTRITIS: Son las enfermedades inflamatorias de las articulaciones propiamente dichas. Dichas articulaciones se hinchan, duelen y pierden su movilidad. Pueden ser transitorias o crónicas. Pueden también afectarse otros sistemas del organismo, como el pulmón o el corazón. Las artritis más conocidas son la Artritis Reumatoide, la Gota, la Espondilitis Anquilosante, el Lupus Eritematoso Sistémico y la Artritis Psoriática.
  2. ARTROSIS: En este grupo de enfermedades, el daño inicial asienta en el cartílago articular que se degenera progresivamente y con ello la articulación duele, se deforma y pierde su movilidad. La artrosis puede ser primaria (la más frecuente y de causa desconocida) o secundaria a otras enfermedades.
  3. DOLOR LUMBAR: En la mayor parte de los casos, es de origen desconocido, pero en ocasiones su causa radica en una hernia discal, un conducto lumbar estrecho, o en anomalías estáticas de la columna vertebral.
  4. OSTEOPOROSIS Y ENFERMEDADES PRIMARIAS DEL HUESO: La osteoporosis es una enfermedad en la que la falta de resistencia ósea conduce a la aparición de fracturas. Es una auténtica epidemia en el mundo occidental debido al envejecimiento progresivo de la población.
  5. REUMATISMOS DE PARTES BLANDAS: Engloba las enfermedades de los tendones (tendinitis), bolsas serosas (bursitis), músculos (miopatías y miositis), e incluso del sistema nervioso periférico, como los síndromes de atrapamiento nervioso.

Transtornos del equilibrio

El equilibrio es la capacidad de mantenimiento de la posición en el  espacio. La responsabilidad de esta función viene dada por la correcta interactuación de 3 sistemas:

  • El oído interno, laberinto posterior y nervios vestibulares.
  • La vista.
  • Los receptores del aparato locomotor, especialmente a nivel de las articulaciones del tobillo, cadera y columna cervical.

La información de estas tras fuentes es recibida,  integrada y procesada a nivel del sistema nervioso central, el cual enviará las órdenes oportunas a la musculatura tanto ocular como musculoesquelética, para el mantenimiento tanto de la estabilidad de la mirada como de la postura corporal

Definimos el vértigo como una sensación rotatoria, de que las cosas giran, o bien de que el que gira es uno mismo. Se acompaña de inestabilidad, y en ocasiones de otros síntomas como náuseas, sudoración, vómitos, etc.

El mareo es una ación del equilibrio en la que englobamos sensaciones heterogéneas como la sensación de flotación,   vacío en el cabeza, inseguridad e inestabilidad, sensación de malestar y de desmayo inminente que puede acompañarse de náusea, vómito, sudoración fría y palidez.

En otras ocasiones, el paciente presenta, únicamente, inestabilidad o desequilibrio, tanto en reposo, como  sensación de inseguridad al andar o desplazamiento.

Desde el punto de vista topográfico (donde se localiza la enfermedad que lo causa) se dividen en periféricos y centrales. El vértigo periférico es el causado por la afectación del laberinto (oído interno)  o del nervio vestibular (que lleva la información del equilibrio desde el oído interno al cerebro), siendo el más frecuente. No es infrecuente que los pacientes presenten además, pérdidas de audición y zumbidos.

Por el contrario, el vértigo central es debido a un trastorno del sistema nervioso, y en él, el síntoma predominante es la inestabilidad o desequilibrio o inseguridad.

Los vértigos periféricos se presentan de forma más frecuente, son más aparatosos desde el punto de vista clínico, pero tiene un curso más benigno, si bien en ocasiones pueden llegar a ser incapacitantes. En muchas ocasiones se acompañan de sensación de ansiedad en su presentación pudiendo limitar la vida cotidiana de los pacientes.

La causa más frecuente es el vértigo posicional paroxístico benigno, en el cual el paciente sufre un vértigo muy violento al adoptar determinadas posiciones.

La enfermedad de Meniére se manifiesta como crisis de repetición que acompañan de pérdida de audición, zumbidos y sensación de presión  auditiva.

La neuronitis vestibular es la inflamación del nervio vestibular que se manifiesta como una crisis intensa de días de duración y altamente incapacitante para el sujeto.

Existen otras múltiples causas, muchos más infrecuentes, pero que deben de ser descartadas por la importancia que conllevan, tales como neurinomas del acústico, esclerosis múltiple, etc.

El diagnóstico de las diferentes formas de presentación viene dado por la conjunción de la entrevista del paciente, la exploración otológica, audiológica y neurológica. Como pruebas complementarias es necesario en ocasiones es preciso realizar estudios de imagen o analíticos.

En muchas ocasiones el diagnóstico se apoya en la realización de exploraciones instrumentales que nos informa de la funcionalidad de los diferentes receptores del oído interno, a través de su manifestación en el movimiento ocular (reflejo vestíbuloocular), Estas exploraciones son la VNG (videonistagmografía) y  V-Hit.

No todas las formas de presentación del vértigo tienen un mismo tratamiento. Así, el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) se trata a través de maniobras de movilización del paciente para que las partículas responsables de la aparición de las crisis se depositen en el utrículo del laberinto posterior.

En otras ocasiones el tratamiento está orientado a solventar la crisis aguda y explosiva del vértigo, para posteriormente administrar fármacos que ayuden a compensar a nivel cerebral el déficit que ha desencadenado la sintomatología.

En algunas patologías, tal como la enfermedad de Meniére, si bien el control que se obtiene con las medidas dietéticas y farmacológicas alcanza el 70-80 %, en ocasiones es preciso aplicar tratamientos más invasivos, tal como la inyección intratimpánica de fármacos para controlar la presencia de las crisis.

En cualquier caso la recuperación funcional tras las crisis de vértigo se consigue a través de la estimulación de la compensación central, la cual se puede acelerarse mediante programas de rehabilitación vestibular con posturografía

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